miércoles, 27 de julio de 2016

Homenaje a Vicente Martín

A veces somos bruma






A veces somos bruma
y entonces me da miedo hablar contigo,
es mejor
cogerte de la mano y esperar que una nube de termitas
horade nuestros cuerpos,
porque es mejor no hablar,
porque es mejor no hablar si a cada sombra
queremos darle nombre y no asumimos
que dentro de nosotros hay otro cielo azul
sin máscaras,
sin tapias,
un cielo que es inmune al ruido de la tiza
y al olor que despiden las cajeras
de un mercado de abastos.

Y mira que es difícil que haya nadie en el mundo
que te ame como yo,
nadie que haya temblado al mirarte más que yo,
nadie que haya excavado más trincheras que yo
y sin embargo
cuántas veces nos hemos cuestionado
si lo nuestro es un todo o simplemente
es que estamos creando un modelo de conducta
en que amar no es un don sino un estado posible en que no tienen
sentido las palabras.

Tan sólo sé de ti lo que no dices,
tus silencios
me han hablado de ti y no me importa
que tú veas un árbol donde yo sólo escucho el gorjeo de los pájaros,
que te gusten los hoteles de lujo y te desnudes delante
de los escaparates de las peleterías,
me da igual,
tus silencios, repito,
han dejado en mis muslos más caricias
que todos los monólogos de una vieja liturgia veneciana.

Porque, ¿sabes?, a veces somos noche
y después de la noche está la luz,
la frialdad,
el día
y es mejor
cogernos de la mano y esperar a que ocurra
con nuestra desnudez
cualquier milagro.




317
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lunes, 27 de junio de 2016

Dime que está lloviendo como llueve







Dime que está lloviendo como llueve
cuando cruzan a nado las tórtolas el cielo,
dime que está lloviendo y yo sabré
que ha empezado el otoño más temprano que nunca
o que tú,
sin saberlo,
acaso estés llorando de alegría.

Dime que estás oyendo
cómo cantan los pájaros del próximo verano
y sabré por qué crecen las flores más exóticas
encima de las ruinas.




154

viernes, 27 de mayo de 2016

Aún me queda un pedazo de noche entre las manos





Aún me queda un pedazo de noche entre las manos
pero el aire es azul,
tan limpiamente azul que ahora me sabe
a claridad de espliego la mañana.
No me quedan excusas para hablar
de batallas perdidas, de caminos
no andados, de ciudades
donde a Dios se le inventa cada tarde
ni me quedan pretextos para hacer
funerales sin muertos.
Y aunque cruce las calles sin pararme
a mirar el color de los semáforos,
aunque os oiga llegar y no os salude
y aparezca una esquela en los periódicos
con mi nombre en cirílico,
sabed que sigo aquí, a medio estar,
a medio desistir,
y que a escondidas
rubrico con el nombre que tuve algunos versos,
y a escondidas también
modelo con mis manos,
las que fueron mis manos, en el aire
el contorno invisible de algún beso.




009


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miércoles, 27 de abril de 2016

Era ciega la noche






Era ciega la noche,
ciego el mar,
ciego el saxo y el sexo y la tristeza del hombre
que inventó los otoños,
era ciego el perfil de los amantes
y ciega la peluca del travesti que viajaba en el metro.
Ciega el hambre,
la furia,
la impotencia,
las consignas en verbos de pretérito,
el frío del cuartel,
las octavillas
que a las doce dejaban la ciudad en coma etílico.

Y era ciego el desmayo de los pobres
y el tango intempestivo,
eran ciegos los parques y los ojos abrasados de rímel,
el diablo vestido de alquitrán,
las viudas que llevaban con nombres subterráneos
sus hijos naturales a la escuela primaria.

Era ciego Stevie Wonder,
ciego el miedo a saber y a las preguntas
que tenían las ingles oxidadas
y eran ciegos,
sobre todo eran ciegos los besos en las últimas filas de los cines.




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domingo, 27 de marzo de 2016

Vamos a ser sinceros



Vamos a ser sinceros,
todo pasa por ver cómo las sombras de un juguete amarillo
van cayendo, desnudas, sobre el mundo,
todo pasa por ser a simple vista
un chaval estupendo y santiguarse
a la hora de los pájaros,
en realidad, lo nuestro es limitarse a respetar las consignas
escritas en los mapas,
girar a la derecha, detenerse, frenar, mirar al frente
cuando así nos lo ordenan las señales de tráfico
y seguir dando tumbos,
emergiendo,
mirando el diccionario hasta que un nombre antiséptico
encaje con el tuyo.
¿A quién le va a importar si está lloviendo el mar mientras el tiempo
se desliza sin prisa y yo me aguanto
las ganas de vivir y me restriego los ojos esperando
a que un cuerpo sin nombre o un cadáver sin manos aparezca
flotando más allá de lo límites de un día sin escrúpulos?
De nada habrá servido desclavarse de golpe y sin que duelan
todas las percepciones, arrancarse
los recuerdos más íntimos,
instalarse a vivir en el sistema arterial y en la estrechez de la sangre,
da lo mismo,
es inútil buscar en los bolsillos las monedas romanas
porque sabes que es falso que en tanta ambigüedad
haya un solo camino que conduzca hasta Roma.

Vamos a ser sinceros:
si todo se reduce a una rutina nocturna
¿de qué sirve el esfuerzo por contener un llanto que hace daño a los ojos?

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A veces cuando llegas te confundo...







A veces cuando llegas te confundo
con el temblor de un lirio o la 
algazara 
primera de los pájaros,

a veces cuando vienes está el aire tan alto que no puedo
repetirte en mi cuerpo ni abrazarte en un leve remolino.
Si fueran las estrellas habitables

las llenaría de templos y puertas sin aldabas,

convocaría a todos los clientes de los supermercados
para venderles plantas que no sabe
nadie para qué sirven, para decirles
cuándo pueden mirarte desnuda en las vitrinas

de un próximo arco iris.

Como un fauno a las ninfas, te persiguen
las lenguas de los tábanos,
nunca estuvo en mis planes ser andén
de tantas despedidas,
nunca fui tobogán hacia mí mismo,
lo que llevo de nube es para ti,
el aire alrededor es para ti,
la mesa del domingo es para ti,
las palabras de fiesta y las alondras de arroz son para ti,

sólo aspiro a vivir mientras que pueda

dibujar en tus labios los versos que me nacen.
.

Vicente Martín Martín (España, 1945-2012 )

De "Será tan de mañana como tu piel desnuda"
XII Premio de Poesía ELADIO CABAÑERO


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Alguno de estos días







Alguno de estos días
-no sé cuándo-
va a venir el camión de las mudanzas:
preguntarán por mí,
decidles… cualquier cosa, por ejemplo,
que ya no vivo aquí
o que no estoy
o que hace algunos meses que habéis visto
bajadas las persianas o mejor
decidles que me he muerto,
sí,
decidles que hace un año que estoy muerto,
que estaba tan cansado de estos muebles,
tan harto de estas sillas de anea, del olor
a rancio de estos libros
que me corté las venas con un verso.

Y si insisten, abridles;

dejad
que se lo lleven todo:
¡no sé de qué les sirva un corazón embalsamado
y lleno de dioptrías!



Poemario "Donde se pone el sol"

sábado, 27 de febrero de 2016

Lo bueno de estar muerto





Lo bueno de estar muerto
no es que tengas acceso al Kamasutra en versión original,
lo mejor es que puedes acostarte
a la hora que quieras
sin que al día siguiente tengas que madrugar.
Me lo contó un poeta
después de suicidarse y comprender
que se escribe mejor cuando no tienes
obsesiones kafkianas
y es más fácil
viajar por las ramblas en desuso del metro.


Por mi parte, hace tiempo
que no uso reloj ni me preocupa
si están roncos los gallos o se han puesto
en huelga los narcisos.


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miércoles, 27 de enero de 2016

Fue un mero error de cálculo...






Fue un mero error de cálculo.

Aquel arco en los labios que escondiera
una hoguera furtiva,
aquel atardecer,
aquellas nieves
que nunca se miraran en un lago,
aquel ir y venir de las alondras
enloqueciendo el aire
y aquel sol de naranjas en invierno
ocurrieron tan rápido
que hoy no hablan mi idioma
y me miran
con ojos de ultramar como se observa
a un niño en el hospicio que ha cumplido
más de noventa años.

¿Dónde hallaré el lugar en que una ola,
una nube
o un sauce
se acuerden de mi nombre?




015

.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Digo alberos, infancia,




Digo alberos, infancia,
digo vértigo, alondra
pero es el cielo núbil de los atardeceres quien los llama,
es el barro amarillo de los puertos
y abril en los espejos quien los nombra.
Digo alberca
y un ejército armado hasta los dientes se retira
de una aldea de pájaros,
se desfloran
las nodrizas del himno y los infieles que alquilan
los albergues impuros
se apuntan al pudor bautismal de los arcabuces.
Y al pronunciar sus nombres he vuelto, sin quererlo,
aquí, donde comienzan las provincias del frío,
donde hablar del verano es dibujar la supervivencia,
y cortarse las barbas, una claudicación,
aquí, donde los hombres
se mueren con la misma estatura que yo tengo me he encontrado
mi infancia en sus hogueras más blancas,
he encontrado las rutas y el amanecer de otras edades,
he bajado a los pozos
y he pisado
la nieve atemporal que ahora protege las tumbas de mis antepasados,
porque todo está igual,
las argollas ilícitas, los mastines mordiendo manuscritos,
el profesor que explica la teoría de los aeroplanos,
la tos del organista,
las doncellas gentiles, las esposas infieles, la heredad de las viudas,
los avaros,
los imberbes misántropos y el sol,
el sol sobre las nubes más altas de los acantilados.

Definitivamente,
me niego a subsistir bajo el auspicio de una inmensa república
donde sólo a los muertos se les deja
vivir a veinte grados bajo cero.

481

viernes, 27 de noviembre de 2015

Al principio era el agua






Al principio era el agua...
y en la niebla
ni siquiera un rumor de golondrina
ni el ligero temblor de una luciérnaga
perturbaba su sed de transparencia.
Al principio era el agua
y por el agua
llegó en bronce la voz a las campanas
y se erigieron torres, se erigieron
alminares tan blancos que la noche
contrajo matrimonio con el alba.
Y nacieron los árboles, los ríos y los lagos
y era el mar y la vida del color de los niños,
como un árbol de niño, como arroyo
de inocencia prohibida que buscaba
cómo estrenar un beso en el candor
azul de cada lago.
Era el día primero.
Y al segundo
se fue haciendo la tarde y con las sombras
se fueron los zorzales
y se oía
vagamente a lo lejos el aullido
larguísimo de un lobo.
Al principio era el agua,
cristalina,
igual que el manantial de una mañana
recién iluminada, pero el tiempo
la convirtió en herida y ahora tiene
cicatrices de sal y sinuosas
veredas con cipreses.




Poemario "Donde se pone el sol"-17 de mayo 2007
Se terminó de imprimir el día 17de mayo de 2007, festividad deSan Pascual Bailón, siendoalcalde de Lepe Manuel Andrés GonzálezRivera

martes, 27 de octubre de 2015

El tiempo es el espacio que transcurre...







El tiempo es el espacio que transcurre
entre una pregunta
y su respuesta.
La eternidad, por tanto, tan sólo es la pregunta
que no tiene respuestas.

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domingo, 27 de septiembre de 2015

Aquí, donde no existe el contorno preciso de las cosas



Aquí, donde no existe el contorno preciso de las cosas
y es humedad la noche,
donde llegan como lanzas obtusas los relámpagos
y el invierno es invierno y nada más,
aquí están todos ellos, porque fueron un error tipográfico,
congregados en las lápidas sin nombre,
esperando tan sólo a que aparezcan
como amantes nocturnos los dedos de la lluvia.
Conculcaron las leyes y juraron vengarse de las rosas de yodo,
indecisos,
confundieron al alto tribunal con los taxistas que visten
con peluca a los pájaros
y al bostezar
se cubrían los ojos con escudos feudales.
Nadie supo a la altura de qué río platónico encontraron
una bala perdida, en realidad
ni se sabe a qué guerra se apuntaron cuando alguien
les habló de Hiroshima y se encontraban
a unos metros tan sólo de los templos anegados de tumbas.
Si fundaron un credo diferente a otros credos no sería
porque un barco pirata los vendió como esclavos,
ellos fueron
pecados veniales,
angelitos con los dientes de leche
y no tuvieron la suerte de contar con un maestro de esgrima.
Hoy son eso, un buñuelo de musgo,
la humedad de la noche,
los amantes
nocturnos de la lluvia.

532

jueves, 27 de agosto de 2015

Un día te sorprendes ante el gesto de un pájaro



Un día te sorprendes ante el gesto de un pájaro
y te pones a hablarle a las encinas...,
entonces te das cuenta que has vivido
jugando al escondite con las sombras,
que has seguido un guión prefabricado
de muecas estudiadas
y que ahora no tienen los caminos tantas curvas,
que el aire también sopla sobre el alma
de un grisáceo encinar.
Te sorprendes de ti, del individuo
que medía las fechas con arena de palabras
y ahuyentaba los mosquitos a ladridos de escopeta,
tú,
que fuiste transeúnte en las ciudades
y compraste a plazos las praderas,
tú,
te sorprendes que el humo y las hogueras
sean las voces de un mismo campanario.
Miras alrededor, la tierra es como es,
¿quién dijo que redonda?, luce el sol,
la sobra del carrasco se enamora de tu sombra
y la sed del tomillo es tu sed.
Que no,
que nadie ha escrito nunca
que se deban vender los nardos en la esquina,
que nadie puso precio a una caricia,
nadie envasó las nubes
y nadie va a quitarte el privilegio
de entender el lenguaje de los pájaros
o recitarle un verso a las encinas.

 Antología-42

lunes, 27 de julio de 2015

Tres años de luto del mundo poético por Don Vicente Martín Martín (1945-2012) DESCANSE EN PAZ




Yo os hablo de la muerte porque sé
que habita aquí conmigo,
que desde aquel instante en que vi la luz primera
no se escondió de mí,
se me acercó y me dijo: ten, pequeño,
éste es tu pasaporte y aquí tienes
reservado el billete de regreso.
Y se vino conmigo,
pasó frío y calor y sufrió escarnio conmigo
y se ahogó en una lágrima conmigo,
se alborozó conmigo,
fue huérfana conmigo,
forastera conmigo,
disfrutó del primer beso y celebró
conmigo la llegada de mis hijos.
Y ahora escribe conmigo, no os extrañe
que me dicte algún verso o que os parezca
que os mienta cuando diga
que vivo intensamente cuanto vivo.
Pero escuchad, amigos,
vosotros, que vivís de alquiler como yo mismo,
que empleáis circunloquios y evasivas
para evitar su nombre, respondedme:
¿por qué fracción del alma y a qué precio
le entregáis al absurdo cada día
todos vuestros latidos?

Os puedo asegurar que no hace falta
llevar en el bolsillo un diccionario
de ambiguos eufemismos.

Antología-75

sábado, 27 de junio de 2015

A veces quise cosas tan extrañas



A veces quise cosas tan extrañas
como bailar desnudo en el mausoleo de Lenin
o invitar a cenar a los turistas que lean las notas necrológicas,
pero ocurrió que entonces
no existían los mails ni las tarjetas de crédito
y la gente de izquierdas conseguía a escondidas frascos de mermelada.
(Recuerdo, por ejemplo, a la anciana de enfrente y a su barra de labios
esperando, las dos, noticias del cartero.)
Hoy ya sé que no puede elegirse la tersura del aire
ni un temblor cuando pasa
va dejando jazmines de fieltro en las aceras,
casi siempre
por el precio de un lápiz nos venden un teléfono
y hablar con una estrella
nos resulta tan fácil como hallar en cima del mundo
a un concertista chino.
Pero ahora, mujer,
ahora sé exactamente lo que quiero,
ahora tengo muy claro que me abstengo de todo lo que pueda aportarme
candidez metafísica
y hasta altura de mí ya sólo anhelo,
rezar donde tú reces,
morir en el país en que tú mueras
y que un pino viajero o la tristeza de un chopo
me sirvan como tumba.

523

miércoles, 27 de mayo de 2015

A ti que no te asustan las palomas miopes




A ti que no te asustan las palomas miopes
ni te inquietan los tordos que asesinan la siesta
con sus vuelos rasantes,
a ti que eres de pluma,
de cascabel,
de nácara
qué te importa que todos los relojes marquen las mismas horas,
qué te importan la música,
los versos,
las mañanas sembradas de tulipas en los vientres de la gaviotas,
dime tú qué te importa que no existan más mundos ni más cielos
que el espacio de amor para abrazarnos.
Dime tú
si merece la pena dibujar más ciudades en tu piel,
ciudades con sus noches, con sus lechos
de fruta y marihuana
si todas las distancias,
la luz a la deriva, ya conocen
la exacta artesanía de tu nombre

Es inútil tener a cuatrocientos guardianes clandestinos
custodiando las flores, si las flores
tienen pase pernocta y se refugian
en su anhelo galáctico,
es inútil
respirar el oxígeno aprehendido en delfines y relámpagos
si tenemos la cima, dime tú,
las cimas y la muerte tan cercanas.


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260/S

Duele la voz cuando la voz no encuentra

Duele la voz cuando la voz no encuentra
el regazo de un eco en todo el valle,
duele la voz y duele la palabra
cuando se hacen clamor en los atriles
de sordas y mundanas catedrales,
hiere mi voz, puñal de agudo llanto,
la soledad inhóspita del alma.
Como duele la luz cuando la luz
se desangra esperando en las vidrieras
de una tarde plomiza,
como duele el amor cuando el amor,
de sólo amor, se acaba.

lunes, 27 de abril de 2015

Fue ayer.../Nuestras bocas gritaban libertad




Fue ayer...
Nuestras bocas gritaban libertad, muerte al tirano
y los vientos se llenaban de eucaliptos
que traían dimensiones de otros valles,
asaltábamos las cárceles,
se sembraban de gaviotas las besanas
y un poeta dibujaba con su rima
el vuelo del albatros.

Sonó el despertador...

¡Qué lástima  que sólo fuera un sueño!
En realidad
hace tiempo que no existen las mazamorras,
las cadenas,
el verdugo y los grilletes,
hace tiempo que a la noche se le viste de charol,
en realidad
hoy nadie que se precie habla de cárceles
porque existen ahora nombres presentables,
hoy se dice despido, cadena de montaje,
contrato,
reglamento,
subsistencia,
chabola,
club nocturno,
hoy
enjaulamos el jilguero
sin que dé su primer vuelo
y vestimos de frac al encargado
de llevar al cadalso a las palomas
...y te saluda
...y te regala su sonrisa de cerámica
y te pide hasta perdón.  Pero asesina,
dulcemente te asesinan porque no eres de su credo,
porque tú no te arrodillas ante ídolos de arcilla
porque dices eso es blanco,
porque llamas sanguinario
a quien hace llorar sangre,
porque tú no eres de casa,
eres rumano,
sudaca o africano,
tan sólo
porque tú no eres blanco.

El poeta que cantaba ya no canta
y se fueron las gaviotas a sus mares
y el albatros se varó...,
ya no puede dibujar nadie su vuelo.


Antología-40

viernes, 27 de marzo de 2015

Si escribo





Si escribo
no es sólo por hacer que este paisaje
se quede inalterable, ni tampoco
para dejar constancia de un murmullo
de dioses exiliados,
escribo
para ser transeúnte que no busca
comida ni hospedaje,
para ser habitante de la noche
en la órbita primera de mi sueño.
Escribo
para decir sin máscara palabras
como árbol,
luz,
jilguero,
para ser llama cuando diga fuego,
para ser agua cuando diga fuente,
para ser niño si menciono madre,
gorrión
cuando pronuncie cielo.
Y escribo
por encima de todo y sobre todo, escribo
por robarle a la muerte los sudarios
y ser círculo de alas
sobre el tiempo.
Por eso
habrá siempre un poema que nunca escribiré:
no esperéis un adiós
o un testamento,
me iré como llegué y como transito,
me iré sin irme nunca
con mi ajuar de desnudez
y la palabra por nacer.



Antología-39

viernes, 27 de febrero de 2015

Mira mis manos,mira






Mira mis manos,mira
la soledad de cáñamo que ahuyentan
en singladuras ocres estos dedos,
crecieron al compás de las palabras
que habitaban el sueño de las piedras,
crecieron como rostros de urgencia que indultaba
aquel cinematógrafo primero del verano.
Yo vi cómo en volandas surcaban por mi nombre
las melodías del tedio, yo vi
los uniformes leves de la sombra y el silencio
alojarse en el pulso de los días,
yo vi arrodillarse a la cantera
ante el himno fatídico del fuego.
Viví entre las piedras, hecho piedra, nunca vi
la ira colgada de sus ojos
ni el rencor asomado a sus ventanas,
jugaba
a ser beso en el musgo y golondrina
en los ecos precisos de mis voces,
sembraba
margaritas nocturnas donde había
ortigas y espartales,
no me importa decir que llevo sangre
de piedra, que alimento
espíritu de piedra.
Miro mis manos, sí, miro la huella
que el cincel de la lluvia fue dejando
a golpes  de granito sobre el alma.
Si me queda un dolor,
si tengo que cumplir una condena,
no es otra que el suplicio
de sostener el mundo en este instante.

"Soliloquios en gris"

Premio VI Certamen de Poesía Iberoamenicana Víctor Jara

martes, 27 de enero de 2015

Dolor de ausencia




Nací cuando tenía veinte años 
un cincuenta de Abril
y me nacieron
salpicado de gritos y en el cauce
sediento de una lágrima,
lejísimos del mar y con los ojos
teñidos de navíos. A mi madre 
se le ocurrió marcharse algunos años
antes que yo naciera y se entretiene 
tejiéndole mantillas a la luna
y bufandas al arco Iris.
Me dijeron
que escondía arrecifes de nubes en su pecho
y llevaba el dolor como un día transitable,
me dijeron
que se fue con mi nombre clavado en la garganta
y en sus ojos, parábolas de viento.
De mi padre...
diré que tenía padre porque tuve 
la rabia de llorar, no sé si lágrimas,
no sé si urbanidad de crisantemos,
el día de su entierro:
pero no os diré más,
fui apagando
sin ira las ascuas del incendio.
En mi patria no había golondrinas,
no amé a las golondrinas, no aprendí
a contar en futuro primaveras
ni supe que las grullas se llevaban
el otoño en bandadas cada tarde,
en mi patria no había caracolas,
no amé a las caracolas ni escuchaba
los ecos de la niebla.
Recuerdo que tenía el corazón lleno de mimbres
y mis manos se abrían cual ventanas 
en busca de paisajes no nombrados,
recuerdo las mil caras del miedo
atenazándome, los mil rostros del pánico
mirándome uno a uno. 
Recuerdo las palabras de los otros,
palabras asesinas,
palabras que mataban muy despacio,
a modo de calumnia y solamente 
mataban un poquito,
como matan
la herrumbre o el salitre:
Y es que morir, entiendo,
había que morir
y era delito querer vivir mas tiempo
que la uva en el lagar
o el trigo en el molino .
Nací cuando tenia veinte años
un cincuenta de abril, nací sin darme cuenta, 
sin preguntar la fecha que marcaba 
a las horas del miedo el calendario,
con unos pantalones sin bolsillos
y un pedazo de pan que no era mío,
lejísimos del mar, no sé por qué
pregunto todavía 
si va a zarpar de aquí algún navío.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Sobre el polvo y el humo de mi casa,





Sobre el polvo y el humo de mi casa,
cuando yo esté muy lejos, es posible
que se levante un parque, y en un gesto,
acaso de nostalgia, le bauticen
con las letras dispersas de mi nombre.
Y crecerán los árboles entonces
con un incomprensible olor a cripta,
brotarán los evónimos, las prímulas,
las dalias, los jacintos y las rosas
con sabor a metáforas lejanas,
treparán hasta el sol las buganvillas
disfrazadas de acróbatas anhelos
y un colorín de viento, cuando apenas
su trino roce el alba,
me contará que hay niños, que hay aromas
de romances inéditos
y alborozo de alondras donde ahora
estoy yo,
sólo yo,
con mis versos,
con la voz desterrada, con el alma
asombrada y cautiva entre estas cuatro
paredes en que habito.
Y entenderé por qué valió la pena
no haber muerto en enero.



“LOS PASOS QUE HEMOS DADO” 

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Debo decir que cuando muere un niño



¿Debo decir que cuando muere un niño
los cielos baten alas o que sueñan
porcelanas las gotas de rocío?

No lo voy a decir porque ya dije
suficientes sandeces.

Lo que ocurre es que alguien
con los ojos apenas estrenados
se ha asomado un instante a la ventana
y al sentir tanto frío,
tanto musgo adherido a las paredes,
tantas horas de escarcha, tanto viento
silbando melodías de rutina
decide renunciar a este paisaje y le entrega a noche
definitivamente
la mirada.

“LOS PASOS QUE HEMOS DADO”

lunes, 27 de octubre de 2014

Qué leves estas horas


Qué leves estas horas
en que uno se mira en lo profundo de sí y siente el vértigo
que origina la edad,
qué altura al asomarse y ver la luz que se pierde y es penumbra
y vuelves a mirar y es el ocaso
quien se pliega en los muros.
Hoy recorro el jardín y al encontrarme conmigo nuevamente
el mundo se estremece,
no sé bien
si el mundo el que oscila o son las cosas que miro
pues aquí
la luz es temblorosa y la oquedad
sin duda me conoce.
Qué lejos de este otoño aquellos días de asombrada floresta
cuando cada reflejo se esculpía en el mármol
y el fluir de una lágrima
terminaba en un beso,
qué intensa claridad la de aquel cielo tan proclive a los trinos,
tan radiante en el júbilo,
tan sereno en el frío.
Y ahora que los ríos sólo son navegables de cintura hacia arriba
voy andando de vuelta hasta el estero
donde estuvo la casa
pero nadie me espera,
mis pasos son de nube,
sus ruinas,

de otro siglo.



608

sábado, 27 de septiembre de 2014

Quizás tenga la voz llena de calles



Quizás tenga la voz llena de calles
y adicta la mirada a estos paisajes
de grillos de neón,
quizás me están  creciendo los ojos de mirarlos
y el corazón me late a borbotones
de cansinos semáforos….
Me duele la ciudad, me duele el hombre
Ingeniero de urgencias, arquitecto
de espacios y silencios verticales,
me duelen sus zapatos,
su maleta,
su sombra de arlequín,
sus nocturnos de escarcha, sus andenes
de inciertas y dudosas lejanías…
Y me duelen sus dioses, esos dioses
aplaudidos a veces,
a veces humillados
y siempre, casi siempre, convenidos.
Me duele este mutismo que no callo
y este bemol de sangre en la garganta,
esta copa de whisky que me espera
para vivir sin vida otra jornada.
¡Ay, si el viento y el sol tuvieran brazos
y manos la mañana, si a la brisa
la dejaran un día tener labios y a las piedras
tener lengua de piedra,
amar amor de piedra!
¡Ay,
si sembraran el mar de tulipanes
y en la playa anidaran las cigüeñas,
si hablaran las encinas y los ríos
pudieran terminar a donde nacen!
Quizás…,
quizás entonces
mi voz sonara a arroyos no explorados,
quizás un cielo azul,
intensamente azul estableciese
claridades de agua en la mirada…,
quizás mi corazón fuera de nuevo
una página en blanco en que escribiera
silencios no contados,
mis silencios
y mis llantos anónimos,

el alma.








"Soliloquios en gris" 
PREMIO VI CERTAMEN DE POESÍA IBEROAMERICANA VÍCTOR JARA


miércoles, 27 de agosto de 2014

Hay hombres que al hablar sólo utilizan




Hay hombres que al hablar sólo utilizan
palabras monosílabas, palabras
que nunca pueden ser definiciones
del silencio de un claustro o del incendio
que provoquen de noche mil luciérnagas,
y dicen
qué-tal- sí-ya-lo-sé, como si hablaran
con lenguas ortopédicas y labios
a ritmo de claqué.
Hay hombres que al hablar nunca sospechan
que la palabra es llanto, y la palabra
hace ya mucho tiempo
que ha tomado la forma de sus manos;
hay hombres que al hablar no se dan cuenta
de que dicen a voces lo que callan
y callan justamente lo que son.
Y hay hombres que no saben
-porque no han muerto nunca-si son hombres,
si son voz
o son huella
o simplemente pasos que se afanan
por salir algún día de la niebla.

"Soliloquios en gris" 
PREMIO VI CERTAMEN DE POESÍA IBEROAMERICANA VÍCTOR JARA


domingo, 27 de julio de 2014

Dos años de luto del mundo poético por Don Vicente Martín Martín (1945-2012) DESCANSE EN PAZ


La sombra de los hombres está hueca






La sombra de los hombres está hueca
como la voz de un náufrago,
como una caracola donde empiezan
las olas a ser olas con los ojos cerrados,
como si fuera un cuadro o un espejo
que sólo tienen marco:
por eso nadie grita,
nadie pide clemencia,
nadie muere de muerte que no lleve
hace tiempo aprendida cuando un chorro
de luz los atropella.
La sombra de los hombres son destierros
-horizontales llantos-,
que arrastra cada cual hacia su olvido
y son el negativo, claridades
impresas del revés,
del ser que sin saberlo llevan dentro.

Poemario "Soliloquios en gris"
Premio VI Certamen de Poesía Iberoamericana Víctor Jara

viernes, 27 de junio de 2014

¡Cómo duele, Señor, este vestido





¡Cómo duele, Señor, este vestido
de carne que me has dado,
cómo duelen las sombras del crepúsculo,
las horas de los ángeles furtivos,
cómo escuece
la tibieza del alma cuando arrastro
la piel a ras de calle!
Quiero aprender, Señor, a desnudarme
esta noche de mí,
quiero aprender, señor, a deshacerme
de estas ropas que huelen tanto a mí,
de estos gestos que saben tanto a mí,
de estas prisas que ponen en mis labios
hipócritas palabras color sepia,
de estas falsas modestias que se abrigan
de mí,
de esta oculta arrogancia que se nutre
de mí,
de todo cuanto implica circunstancias,
modales o ademanes
de mí,
de las horas que tienen hipotecas
de mí,
del viento que no lleva claridades
de mí.
No quiero soportar el vasallaje
de líquidas rutinas,
de certezas fingidamente exactas,
de promesas prescritas,
de esperanzas untadas de aguamiel
y forzadas sonrisas de guiñol.

¡Cómo duelen, Señor, y cómo pesan
estos trajes tan viejos, estas ropas
pegadas como lapas a la piel!


Poemario "Los pasos que hemos dado"
XII Premio de Poesía "Encina de la Cañada" 2005

martes, 27 de mayo de 2014

Ya tengo el inventario de batallas




Ya tengo el inventario de batallas
ganadas y perdidas:
las ganadas,
guardadas bajo llave y en baúles
de cinc, no vaya a ser
que entre sueños las nombre sin querer
y acaso me despierte
el hedor que despiden sus cadáveres;
las perdidas,
de tanto acostumbrarme a su presencia,
las llevo en el bolsillo y me recuerdan
que existo, que estoy vivo,
alguna vez, incluso,
se me cae una lágrima y al cabo
de un tictac de silencios
aparece,
solitaria, una flor.


He aquí que áun me queda el dolor, de Vicente Martín. Ed. Vitruvio, Colección Baños del Carmen, 2007.

jueves, 27 de marzo de 2014

¿Recordáis?







¿Recordáis?
Aunque no hubiera parques se llenaban
de gritos los estanques,
aunque no hubiera árboles hervían
las tardes de gorriones
y aunque no hubiera sol ni hubiera aire
estallaban de luz las mariposas.
Y es que nada ha cambiado,
es que estamos,
a jueves, es mañana de jueves y hay colegio
y esta tarde es abril y cogeremos
agrillas en las lindes y manojos
de berros en las fuentes.
Pero todo está igual, exactamente
todo en el mismo sitio,
las puertas, las ventanas, los estantes
atestados de libros, el jarrón
con espigas de trigo,
y vosotros
y yo
y el asombro de niño que nos lleva,
cuando llega la noche, a nuestra infancia.

Poemario Donde se pone el sol

jueves, 27 de febrero de 2014

He visto una mujer escrita en párrafos






He visto una mujer escrita en párrafos
de futuro imperfecto
frente al mar,
he visto una mujer de rostro opaco, 
de mirada imprecisa,
con los pies en la sal y con los dedos
gorgoteando de sal. El tiempo apenas
le dio opción a medir cuántos centímetros
de mundo tiene un labio, cuántas leguas
de tierra prometida hay en la boca
que no ha sido estrenada o en el vientre
que nadie ha roturado…
y confunde
la arena de la playa con un beso,
cada ola que estalla con un beso,
cada barco que llega con un beso.
No es capaz de entender por qué nació
con la rodilla en tierra y los tobillos
con grilletes de algas, por qué cada silencio
le escupe cucarachas y blasfemias,
por qué su desnudez lleva el estigma
de mujer habitada.
Y es que no tuvo infancia, porque nunca
acunó una pepona en su regazo,
porque nunca usó falda de lunares
ni ofició en sus oídos la liturgia
de un cárdeno clamor de caracolas,
porque nadie
advirtió el alborozo de sus trenzas
ni la danza primera de sus pechos,
porque no tuvo casa, ni parientes
ni frutales con nidos de gorriones
ni espejos que mintieran,
porque fue una muchacha que no pudo
redactar un otoño ni contar
cuántas nueces crujían los inviernos,
por eso es sólo verbo, 
palabra, y no concepto,
lenguaje que se escribe y se conjuga
en labios de futuros imperfectos.
Miradla, 
ahí está, frente al mar, frente a los mares
inhóspitos de todas las ciudades,
frente a un cielo -hierático horizonte-
de hipócritas y helados corazones.
¡Qué lástima que nadie le consienta
confundir a propósito, 
si quiere,
la arena con un beso,
las olas con un beso,
y el velero que asome cada tarde 
de mayo con un beso!


Publicado en Blog luz de Piedra el 8-2-08

He visto una mujer escrita en párrafos