
No
sé por qué me obstino
ni
qué sentido tiene que yo siga
hablándoos
de mi muerte, de las nubes indómitas,
de
las noches eternas en los inviernos nórdicos,
de
océanos, de París
o
escribiendo poemas
más
o menos eróticos, vitales, surrealistas
si
dentro de un instante cuando salga a la calle
me
encontraré a la gente
embutida
en las cosas más absurdas, decadente,
sumisa,
ensimismada,
por
extraño que sea el color de sus tristezas,
Es
posible
que
me falte un hervor y que aún me piense
ave
del paleolítico,
es
posible
que
aún me crea llamado a sobornar
no
sé qué omnipotencias celestiales, yo
que
al mirar a una chica, por ejemplo,
sólo
admiro el contorno que fingen sus colinas,
yo,
forastero
de mí, ¿para qué escribo?
¿quizás
para clavarme en la mañana de un Gólgota imposible y esperar
a
que un dios de cristal me resucite?,
¿para
que no me entiendan los necios y me inventen
un
nombre que no he sido?
Ni
siquiera la muerte va a tener la elegancia de otorgarme
protagonismo
alguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario