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jueves, 15 de marzo de 2012

Correr para cruzar en ámbar los semáforos

Correr para cruzar en ámbar los semáforos
para ser los primeros de la lista,
para llegar en punto a los espejos del gran baile de máscaras,
correr para ganar la batalla a la estulticia
y no morir,
como mueren las nubes, de hipotermia,
correr, apresurarse
y luego qué,
de repente la noche se vuelve inevitable,
la ciudad,
la humedad de los álamos y el sol de los olivos
están desmoronándose,
queda un poco de nieve en las esquinas del aire
y en los escaparates vikingos con barbas de neón
y luego qué.
Luego abrimos la nieve artificial y de los grifos
surgen niños sin brazos,
vendedores de suero a domicilio,
fabricantes de gel,
enterradores
que no tienen ni idea de a qué hora se despiertan los bueyes.

Soledad en las calles,
la noche en los tejados y las ramas azules de un enebro
que simulan muchedumbres sin rostros a la luz de una farola
y después
una larga penumbra,
niebla,
nadie.

¿Y luego qué?

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