¿Para qué pronunciar lo que no existe?
Por ejemplo, la edad,
los bosques que no fueron, los zapatos del monje carmelita:
lo que tocas son formas,
relieves
que dejó la memoria y llevan sangre
de tus antepasados.
Veo en mí al anciano que regresa de vestir mariposas
borracho de arco iris,
veo el agua que corre y la montaña que fui
y cómo desde lejos me reprocha
por ser tibio mi madre,
la madre,
la única palabra que escribo y no me enfría los labios,
la única palabra que no lleva en origen
acentos circunflejos.
¿Para qué imaginar lo que no puedes
decir sin sonrojarte?
Poesía Pura
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