Aquí, donde yo vivo, no hay lugar para náufragos
ni sitio para aquellos que acostumbran a ir disimulando la muerte en el bolsillo,
aquí no se permiten
terremotos blindados ni palabras a medias,
aquí habitan las cosas que uno calla y los sombreros de copa
por lo tanto
no veréis cómo llora ningún rey
ni una ciudad a oscuras,
los ladrones de hechizos se han subido a vivir en la azotea
y no hay floristas de Holanda que le tejan
un jersey a la luna.
Será cosa de magia, pero aquí
los colegios se abren los domingos y las nubes
no meriendan los sábados,
aquí huele a tomillo y no hay tomillo,
sale el sol y es la noche, la escalera
no llega a los desvanes
y además llueve azul y las naranjas
maduran en verano.
¿Las princesas?
Ellas sólo subsisten en los cuentos de liturgias antiguas
y aquí nadie se ocupa de esplendores nocturnos y labios mentirosos,
si hace falta
inventamos la nieve y construimos
nuestras propias ficciones.
¿Qué dónde vivo yo?
Vente conmigo, acaso
consigas vadear sin que te vean los francotiradores
de los lavabos públicos.
Poesía Pura
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