las nieves tus geranios, cómo siguen
aquellas golondrinas que dejaste
debajo del alero
y a decirte
que con veinte pesetas ya no puedo
ni alquilar una lágrima,
pero tú
no me escuchas
o no quieres
aceptar la evidencia de que soy
un niño con corbata al que le pesa
muchísimo un invierno
y cuando habla
se le hiela la voz.
Y sigues empeñada en demostrarme,
ya lo sé,
que no has muerto de veras.
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