con un niño hecho a mano,
sin remiendos de nadie,
sin costuras,
si tú te reencarnaras con todo lo que sabes
sobre el día y la noche,
sobre el hombre,
con todo lo que sabes sobre la eternidad,
qué dirías del tiempo que hemos ido sumando en reuniones nocturnas,
de las horas aquellas en que amábamos las lunas amarillas
y nunca más se supo,
qué dirías incluso de esas viejas heridas
que no dejan partir y que llamamos amor…
He querido creer que cuando un árbol ardía en nuestros párpados
alguien era la víctima,
que el terror era hundirse en los charcos con la sangre en el vientre
y el exilio
era el precio a pagar por lo que hicimos y dejamos de hacer.
Nunca supe por qué a mi alrededor surgían los abismos
y jamás tuve alas,
nunca pude entender por qué el amor y la muerte galoparon tan juntos,
por qué fuiste esa isla que se borra de un mapa
y no admite a los náufragos.
Qué dirías, en fin, si yo alcanzara a tus ojos
y me vieras
en vigilia constante y sumergido hasta el fondo
de un país que no es mío.
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