lunes, 18 de abril de 2011

Seguramente hay cosas que no pueden decirse,

Seguramente hay cosas que no pueden decirse,
cosas que han sucedido y tú no viste
con los ojos de la calle
con el traje de calle, o que ocurrieron
mientras toda la gente se encontraba
mirando hacia otra parte, justamente
donde había que mirar en ese instante
y tú, amigo mío,
tú no estabas atento,
tú estabas como tantas otras veces
cultivando celindas en los ojos
de una chica sin límites
o poniéndoles nombres de flor a las estrellas
y sólo tú las viste, sólo tú
te estabas dando cuenta de que alguien o algo
estaba agonizando pero nadie
quería hacerse cargo del cadáver;
cosas que te quedaron, se te fueron quedando
pegadas al estómago y no fuiste
capaz de digerir aunque empleaste
todo el bicarbonato y no tenían
asilo en tu garganta.
Seguramente hay cosas
que no deben decirse por cautela,
palabras que no sabes por qué tienen
faltas de ortografía,
palabras que al decirlas dejarían
la voz deshabitada,
palabras como casas, como trenes
que deberás callarte para siempre
y así podrás morir con la creencia
de que eran cosas tuyas, algo así
como fiebre de un día
o como una velada en que bebiste
algo más de la cuenta.
Por ejemplo,
te deberás callar que en las ciudades
está creciendo el musgo, que en cada amanecer
hay más metros de musgo,
más silencios de musgo
más campanas de musgo, y todo ello
precisamente ahora que en las casas
ya no queda un rincón donde poner
algo así como el guiño de un pequeño belén
y es que un belén, cómo se me ha ocurrido,
hoy resulta anacrónico
desfasado,
obsoleto,
improcedente
y no hay sitio, ni hay niños en las casas,
porque un belén requiere que haya niños
que no tengan edad,
que no lloren a pilas, que no rían
con un mando a distancia
y si pudiera ser
tan pequeños que aún no hayan nacido y que no tengan
caducada la fecha de la inocencia,
que haya niños que crean
que los ríos se trazan todavía
con papel de aluminio,

que la harina es la nieve no estrenada
y una cepa de vid una montaña,
que se crean que Dios es tan travieso
que aún hace golondrinas con las manos.
No, no debes decir que está creciendo el musgo por todas las umbrías,
no lo debes decir porque tú sabes que no sirve para nada
es mejor que lo calles, que no sepan
que el musgo está cubriendo sus paredes,
que crece en sus ventanas, en sus propias ventanas
porque nunca las abren,
que hay musgo en sus palabras
y en sus bocas
y en sus labios
porque hace mucho tiempo que no están habitados.
Por favor, no les digas
que también, de no usarlo, está naciendo
musgo en sus corazones.



Poemario "Soliloquios en gris"(2007)

PREMIO VI CERTAMEN DE POESÍA IBEROAMERICANA VÍCTOR JARA


"No me pidas que cante cuando vengas"-

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