miércoles, 13 de abril de 2011

Nosotros, los que siempre tuvimos la esperanza infeliz y la sonrisa triste


Nosotros,

los que siempre tuvimos la esperanza infeliz y la sonrisa triste,
los que fuimos producto de un error tipográfico o venimos
de noches de aguardiente y mañanas de pan duro,
nosotros, los de abajo,
los que amamos a Goethe y recelamos de Byron,
los que nunca advertimos un dolor de aspirina y se nos hiela
de epilepsias la sangre,
algún día,
nosotros,
alzaremos la voz y emplazaremos al mundo con tambores de guerra
para decir que no, que ya no basta
con dibujos herméticos y mapas de icebergs
para acallar la rabia,
alzaremos la voz y quemaremos las lágrimas
para gritar
que uno es libre de amar, de poseerse así mismo y de morir,
si uno quiere, abducido
por la ingrata belleza de la fatalidad.
Porque ya estamos hartos de ser los que se lamen sus úlceras,
hartos de zambullirnos en los vinos baratos y ocupar
plaza de mecanógrafos,
cansados de falacias vikingas y farolillos chinos,
cansados de accidentes aéreos donde siempre se salvan los más tontos.


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508
LA EDAD DE LOS CABALLOS

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