sábado, 8 de enero de 2011

¿Eres tú quien me habla cuando algo...

¿Eres tú quien me habla cuando algo
muy lejano, muy otro,
se refugia en mi cama a medianoche?
¿Eres tú la tersura del nimbo, la estructura de fuego, la galaxia
que ocupaba el jardín cuando se hacían las horas
pozos interminables?
Te delatan los goznes de las puertas cuando pisas la casa,
te traiciona el chirriar de las maderas,
el color de los zócalos
y el polvo entre los libros que nadie visitó en cuarenta años.
Y te veo surgir, imperceptible casi, detrás de las paredes,
y a tu paso
se encienden y se apagan las distancias que atraviesan los muertos.
No, tú no recuerdas quizás, tú ya tenías
encendida la luz en otro invierno, la pupilas cansadas
y era entonces la hora de guardarse la tristeza en los labios,
la hora en que valen los álbumes de fotos ni funcionan
las puertas de emergencia,
pero yo, sí, recuerdo,
te apretaba las dedos y sentía pasar chorros de mármol,
te apretaba las manos y temblaba,
temblaba al preguntarme en qué bondades divina me iba consolar
de tantas lágrimas,
temblaba de impotencia a un no sé qué
que me hería la espalda, que gritaba cigüeñas y avestruces
al borde del abismo,
temblaba como ahora cuando algo muy lejano y muy otro
me despierta de noche y no me aguanto
las ganas de escupir
y maldigo mi nombre y me blasfemo a mí mismo
y acabo en el infierno donde acaban comiendo sus manjares
los feriantes del templo.

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