lunes, 14 de febrero de 2011

Piedad para los mares de Ulises

Qué pena
que no exista piedad para los mares de Ulises
y aún crepite en la hoguera la piadosa doncella de Orleáns,
el Santo Inquisidor no imaginó que transcurridos los siglos quedarían
mariposas azules en los párpados,
no entendió que las aspas del tiempo lloverían
apagando las brasas y sacando
de la duda a los muertos.

Qué lástima que ahora que sabemos
que las nieves más altas se dibujan con polvo de maíz
tengamos que admitir que lo que queda del mundo son los restos
de un teorema imposible,
oleajes de cinc, trenes ridículos


Pero siempre habrá un himno para aquellos
que son dueños del aire y no lo ejercen,
para aquellos
que llevamos clavadas mil agujas de hielo en las entrañas
y a pesar del dolor seguirá siendo
patrimonio de todos.



PP 140 2 11

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