martes, 12 de octubre de 2010

Ya sabes que por norma no me subo al coche de cualquiera


Ya sabes que por norma no me subo
al coche de cualquiera,
que soy terco,
que no presto mi mano a los adúlteros y crío
peces en la conciencia.
Yo no soy tu ciudad pero sí puedo
ser tus ojos, tu Biblia, la mañana de los días después
y nuestros hijos
vendrían de las flores como vienen
de la lluvia los líquenes
y si te lo propones
podría ser rey Midas y volver con mis dedos en oro cada lágrima.
Pero soy un perfecto cabezota y me fastidia dar mi brazo a torcer.
Invítame a cerveza y hablaremos
de gloria y redención,
de todo un poco,
y cuando ya me encuentres nadando entre tus ojos
convénceme y verás
cómo haces de mí lo que tú quieras.


PP 12 10 10

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