jueves, 9 de septiembre de 2010

(La bondad de la lluvia) Lo que vas a decirme


Lo que vas a decirme
ya está escrito en mis ojos:
lo sabes desde siempre,
me salvas, me redimes, me señalas el norte,
me libras del derrumbe y me conduces a la unción de los huéspedes.
Como si aún no te hubieras enterado
que esconder el anillo en la mesilla de noche
no es soñar del revés ni contradice
las teorías de Darwin,
como si aún se cortaran las manzanas y el flan con el cuchillo
de comer el pescado,
que no,
que ya he pasado la gripe, me he operado de amígdalas y no trago
que la gente me venga con buñuelos de miel.
Si yo hubiera heredado la bondad de la lluvia
sería otro,
si yo hubiera clavado mis rejones en el ojo del cíclope
a esta horas tendría ama de llaves y sirvientas poniéndome el café,
pero no, de verdad,
vivo al fondo a la izquierda y tu me has visto
mendigar alcornoques,
aprendí que tomar aspirinas mejoraba el reuma y poco más,
¿qué pretendes de mí?
Si no tengo más voz que una muñeca de fieltro
ni aspiro a ser el rey del manicomio,
si he quitado de todos mis andenes los falsos quitamiedos
porque ya no hay más trenes
y los guardias
precintaron las rutas donde el sol de la noche se bañaba
con los cisnes salvajes.
Te lo digo otra vez, lo que puedas decirme
ya está escrito en mis ojos.






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 LA MUCHACHA DE ARROZ

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