viernes, 13 de agosto de 2010

Aún no estás acabado, eres un hombre

Aún no estás acabado, eres un hombre
que has labrado tu asombro
y has sufrido
jornadas parricidas y besos ecuménicos,
pero no es el momento de entregarle a muerte un cheque en blanco
y mucho menos
de mirar hacia a atrás.
Volver es un suicidio, regresar
sería abrirte las venas en los bordes de un dolor ilegítimo y por eso
es mejor que te olvides de todo y de tu patria
e ignores los lugares donde fuiste feliz alguna vez:
el tiempo se ha encargado de arar pacientemente tus huertos y tus hierbas
y allí no hay más que ruinas,
cadáveres de obreros que cavaron sus tumbas,
eriales y fantasmas,
sobrevive algún perro, alguna calle
que ha esquilmado el progreso,
pero a ti
nadie va a presentarte a aquella chica que turbaba tus ojos,
no hallarás a un amigo y las tabernas
han cambiado de dueño,
más aún,
Caperucita Roja no es la niña que lleva mermelada de fresa a los caciques:
hoy mastica tabaco y hasta suelta
palabras malolientes.

No debieras volver, amigo mío, no debieras volver
jamás a nadie.

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