martes, 19 de enero de 2010

Esa mujer que veis

Esa mujer que veis
lloviéndose a sí misma aún no sabe
si en realidad existe o si existiendo
es tan sólo un destello sobre el aire
o un barco entre la niebla al que le falta
al fin su arboladura.
Quizás hubo algún día en que bailando
al son del universo las estrellas
se le antojaron manos,
lejanísimas manos capaces de escribir
a la orilla del mar
una sonrisa, una sola sonrisa o el dibujo
presentido de un labio;
y es por eso
que ahora lleva en el vientre mil antorchas de luz
y cuando habla
el silencio se enciende en los océanos.
Esa mujer que veis ahora
asomándose
a la única ventana donde el mundo
le grita que está viva
no tiene edad, no tiene
la estatura de ser,
no tiene casa,
ni un puñado de inciertas mariposas
que llevarse a los dedos:
por no tener no tiene
la rutina de un nombre,
ni siquiera
hay quien diga su nombre y sin embargo
los pájaros la llaman.



034

No hay comentarios:

Publicar un comentario