miércoles, 14 de marzo de 2012

TIERRA DEL FUEGO

¿Acaso el extranjero que te puso este nombre imaginaba
los códigos secretos de tus genes?
¿Qué engaño se escondía
detrás de tanta noche continua,
detrás de esa voraz derrota en que transcurre
la luz que nos delata?
Si sabemos del mundo es porque existe la duda razonable
y de las cosas,
por el rastro que dejan y este tiempo de orugas en los ojos
no es más que la cadencia tediosa de otro tiempo
de anhelo insatisfecho,
un tiempo
de fueguinos y yámanas.
Frente a un hecho sagrado el hombre siempre impuso
las leyes de una lógica servil para sus fines,
Magallanes no supo qué divinos diluvios
fluían por tus vientres,
se creyó el portugués que con nombrarte robaría
el último escalón
al infinito,
no apreció, sin embargo, qué materia invisible fue encendiendo
mariposas de brasa en las colinas,
el invierno hacia el sur nunca es invierno del todo
y el sur lleva
memoria de sus fósiles,
se adentra, simplemente,
como un largo ruido de cuchillos antiguos por la espalda.
El día en que no quede en esta tierra
un solo corazón hacia la lumbre
seguro es que no estamos.




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