miércoles, 14 de marzo de 2012

Yo no sé si este Cristo abatido con los brazos abiertos





Yo no sé si este Cristo abatido con los brazos abiertos
y estos muros paráclitos
habrán estado aquí todo este tiempo,
antes del mar incluso,
mucho antes
de que fuéramos aves y viniéramos
cada día de otoño a posarnos sobre ellos.


Si yo fuera arqueólogo
buscaría debajo de estas piedras el corazón de Eurídice
y haría para Orfeo un pasaje subterráneo
que pudiera cruzar el río Estigia,
pero yo no he nacido ni siquiera barquero,
ni siquiera he tenido entre mis manos un pedazo de arcilla
con que amasar un ángel protestante,
sólo soy
la mano que acaricia el resplandor de la fruta,
el aire que conoce la plenitud del mármol,
la tempestad a veces,
la puerta de regreso
y la alcazaba
donde guarda la luz el equilibrio de las formas.

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