lunes, 17 de enero de 2011

Yo no tengo palacio ni hacienda que ofrecerte

Yo no tengo palacio ni hacienda que ofrecerte,
no tengo sino asombros de dioses y murallas de fe que derruir,
pero te invito
a ti que te has pasado la noche sin dormir en los zapatos del otro
y has dejado sin sol la plaza pública,
a ti que has sobornado a los banqueros del Hades y has dormido
con mujeres encinta,
a ti,
procurador de indultos, traficante de bulas,
usurero, burgués, doctor en leyes,
turista maquiavélico,
policía maltés,
deportista de élite,
santo tuberculoso o celador de orfanato;
no tengo dignidad pero os ofrezco ser vuestro sacerdote:
despojaos de todo,
abandonad
todas vuestras mortajas y creed en la nada omnipotente
que carece de templos,
porque tuyo,
corrijo,
porque vuestro es el reino de los cielos glaciales.


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