sábado, 15 de enero de 2011

No sé qué estoy soñando

No sé qué estoy soñando
ni qué sentido tienen que yo siga
hablando de la muerte, de las nubes insólitas,
de las noches eternas de los inviernos nórdicos,
de océanos, de París
y escribiendo poemas
más o menos eróticos, vitales, surrealistas
si dentro de un instante cuando salga a la calle
me encontraré a la gente
embutida en las cosas más absurdas,
decadente,
sumisa, ensimismada
por extraño que sea el color de sus tristezas.
Es posible
que me falte un hervor y que aún me piense
ave del paleolítico,
es posible
que aún me crea llamado a sobornar
no sé qué omnipotencias celestiales,
yo
que al pasar a una chica sólo admiro el contorno
que fingen sus colinas,
yo,
forastero de mí,
para qué escribo,
¿quizás para clavarme en la cruz de un Gólgota imposible y esperar
a que un dios de cristal me resucite?,
¿para que no me entiendan los necios y me inventen
un nombre que no he sido?

Ni siquiera la muerte va a tener la elegancia de otorgarme
protagonismo alguno.


PA 15 1 11

PP 16 01 11
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