miércoles, 13 de abril de 2011

Sin duda lo que más envejece es el suicidio.

Sin duda
lo que más envejece es el suicidio.
Por supuesto que estamos refiriéndonos a suicidios legítimos,
suicidios inherentes, selectivos,
suicidios que permiten arribar a otros mundos o volver a crearlos.
Por ejemplo,
cada vez que recuerdas el día en que te ahogaste siendo un niño
entre dos islas griegas
hay una cicatriz que se te llena de espuma,
un dolor circundante que hace tiempo ni siquiera era tuyo
y dejaba entrever las lágrimas de tus antepasados,
cada vez que al beber una cerveza percibes
cómo gimen los granos de una espiga
estás encomendándote a un juicio sumarísimo.
Y entonces desembocas al principio de nada,
serpenteas,
te angostas,
te abres paso a través de las mesetas carnívoras
y todo,
inevitablemente todo en esta vida,
te conduce a la edad que no tuviste.
No es tiempo de guardar para otro tiempo
la linterna de Diógenes,
de nosotros depende que los barcos fantasmas y los viejos galeones
agiten sus pupilas atónitas,
de nosotros depende que se llenen de ingrávidas ortigas los termómetros
al ver en qué espejismos nos hemos exiliado.

No envejece vivir sino la angustia
que produce el saber que uno está vivo y no conoce hasta cuándo
y es verdad que envejece el suicidio, pero menos,
es verdad que la muerte nos lleva al paludismo, pero menos,
milimetra tus ansias y consigue
que seas como un árbol miope,
como un libro sin guardas, pero menos
o quizás de otro modo.
Siempre habrá cien imbéciles dispuestos
a tragarse el final de esa película
en que sólo se salven las putas y los conserjes de los hospitales.



Vicente Martín Martín (España, 1945-2012 )

De "Será tan de mañana como tu piel desnuda"
XII Premio de Poesía ELADIO CABAÑERO



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