jueves, 28 de octubre de 2010

¿Para qué pronunciar lo que no existe?

¿Para qué pronunciar lo que no existe?

Por ejemplo, la edad,
los bosque que no fueron, los zapatos del monje carmelita:
lo que tocas son formas,
relieves
que dejó la memoria y llevan sangre
de tus antepasados.

Veo en mí al anciano que regresa de vestir mariposas
borracho de arco iris,
veo el agua que corre y la montaña que fui
y cómo desde lejos me reprocha
por ser tibio mi madre,
la madre,
la única palabra que escribo y no me enfría los labios,
la única palabra que no lleva en origen
acentos circunflejos.

¿Para qué imaginar lo que no puedes
decir sin sonrojarte?


28 10 10

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