martes, 12 de abril de 2011

Desde que tuve edad para entender

Desde que tuve edad para entender
que la vida es un trámite,

no más que una partida de ajedrez
que nunca acaba en tablas,
desde que sé que amar es como un flujo
de labios y distancias, que nacer y morir
son palabras distintas porque a alguien
se le ocurrió escribirlas al revés,
desde que sé,

también, de amputaciones y ortopedias
que son inaplazables...,
llevo siempre un proyecto de muerte en el bolsillo,
como llevo unos versos,
como llevo el retrato de mi madre.
No quiero acumular frente a mi puerta
silencios acolchados, me exaspera

la gente que no sabe
que los días impares son países

sin parques y sin pájaros
son tierra de barbecho,
son distancias de nadie.

Por eso y porque quiero saber a cuántos metros

de oscuridad entierro mis vacíos

llevo cuenta de todo,
llevo cuenta del humo y de la cera,
del pábilo que tiembla y de la llama,
de las horas que son como preguntas larguísimas
y las noches que pasan como andenes del metro

supurando rameras y mendigos.
Llevo cuenta de todas las riberas

que me fueron dejando sin orillas,
de todos los exilios,

de todos los destierros que me impuse a mí mismo

para adquirir visado de extranjero,
y, así, no tener nada
ni un amante, ni un préstamo,

ni siquiera una patria, y que el mar y la tierra se confundan
lo mismo que un pardal y un gorrión.

Os he dicho que llevo en el bolsillo
mi proyecto de muerte,

que voy cumpliendo etapas,

que voy dejando avíos y aparejos

como estaba previsto, cada cosa
a su debido tiempo.
Y al final del trayecto
daré un cóctel
de lejanas acacias
y de islas...


Vicente Martín Martín
De "Soliloquios en gris"
PREMIO VI CERTAMEN DE POESÍA
LATINOAMERICANA VÍCTOR JARA



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