lunes, 11 de abril de 2011

Cuando nadie sea nadie y las medusas no escuchen la vorágine



Cuando nadie sea nadie y las medusas no escuchen la vorágine
de las fosas comunes,
cuando nadie se hospede en los hoteles que fundaron los lúcidos
y estén llenos de chinches los colchones
donde duermen de gris los diplomáticos,
cuando nadie sea nadie y ya no tengas
sombrero que ponerte ni mortaja que ahorrarte
y no existan
concubinas que atiendan recepciones de tirantes elásticos,
entonces
¿qué hacer de los legajos que custodia en su calvicie nasal el archivero,
qué hacer de los megáfonos que ahuyentan
en columnas de humo
los rumiantes olores de conciencia?
De nada habrá servido que los viejos murieran aclamando
la igualdad de los soviets,
de nada que aprendieran las viudas a salir a la calle sin llevarse hasta el mar
los quitasoles,
todo se olvidará
y acaso queden,
como huellas de sal, los urinarios y unas cuantas dentaduras postizas,
quizás alguna hiena
si es que puede vivir alimentándose
de las heces que fuimos ocultando en ataúdes de plata.



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.EN "DIEZ POEMAS PARA AHUYENTAR LA LLUVIA"

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 LA MUCHACHA DE ARROZ

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