jueves, 27 de enero de 2011

Con qué facilidad se nos olvida

Con qué facilidad se nos olvida
que las cosas no son lo que parecen y seguimos
atentos al ropaje exterior,
a las simulaciones
y al detalle más ínfimo
creyéndonos
que son las apariencias conscientes de sí mismas las que tienen
visado de verdad.
Pero toda apariencia no es más que la secuela
de una simulación
y es por tanto engañosa: un sentimiento
puede llegar a ser en algún caso
una aproximación,
nunca la imagen
real de lo que siento. Y es que somos
títeres hamletianos decididos
a inventar evidencias que no existen, a forzar
la inocencia feliz de una locura salvífica
que acaso nos pudiera
llevar a descubrir que la certeza,
si existe, es más allá de la vida y con la muerte
se acaban las angustias,
pero la incertidumbre de lo que hay más allá lo que consigue
es un mundo atestado de cobardes.

Y así
si Hamlet se nos muere sin matar al Espectro
lo más seguro es que amanezcamos
blasfemando en danés.


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