jueves, 8 de julio de 2010

Las Bienaventuranzas

Dichosos los amantes que copulan dormidos y despiertan gozosos,
los que llevan bolsitas de infusiones para afilar las cuchillas de las patinadoras,
los que miden un día y otro día la temperatura de los ahogados
y recogen sus ojos bajo los pisapapeles,
dichosos pues por ellos
se llenarán de buitres las mecedoras de azúcar.
Dichosos los que saludan por la calle y bailan sueltos, los que son
más púdicos que Dios y se santiguan delante de los mausoleos,
los que llevan de balde la nostalgia y se proclaman
adictos a los surtidores de gasolina,
dichosos pues para ellos
habrá un cielo detrás de cada miércoles de ceniza.
Dichosos los que adoran a Júpiter y se dicen camaradas de las ranas de Darwin,
los que piensan que es tiempo de acometer una nueva eternidad y rescribir
en arameo la Ilíada, los que alumbran el mundo con lámparas de carburo
y tienen un harén entre las fosas nasales,
dichosos pues de ellos
será sin duda alguna el hociquito de Blancanieves.
Y dichosos los tristes,
los chistosos,
los locos y los cuerdos, los que llevan
la modestia en los labios y los falsos fingidores,
dichosos los que cumplen semanalmente y los que se masturban a diario,
dichosos pues con ellos
habremos concluido oficialmente este período de ostracismo.

 Poesía Pura

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