Soy un hombre al que nunca le importaron
unas muertes de más
ni unas cuantas
definiciones menos.
Al fin y al cabo el tiempo no se mide
en ámbitos de luz, sino acabándose
y todas las ciudades equidistan
de un mismo amanecer
y un mismo infierno.
Por eso, mientras nado
en este mar de orillas tartamudas,
mientras voy comprendiendo que el amor que nos quede
es tiempo sometido,
tengo siempre una edad deshabitada
y un corazón que aún tiembla
así como un arroyo
muy breve,
casi inédito,
casi tiempo de lluvia hasta agotarse.
.
060
No hay comentarios:
Publicar un comentario