Si para andar de día
necesité la ayuda de tus ojos,
ahora que ya no estás y se me han hecho
todas las calles noches
y diluvia,
diluvian estructuras de sal sobre las brasas
de un fuego clandestino,
¿cómo voy a afrontar esta oleada
de glaciares narcóticos
que me vienen de atrás del tiempo mismo?
Si desde que sé hablar nunca he logrado
pronunciar una sola palabra que no hubieran
pronunciado tus labios,
ahora que ya no estás y todavía
veo en el horizonte dunas oliendo a mar,
¿quién me va a dispensar de esta afonía
que me nace torcaz y no conoce
la levedad del tacto o la semántica
completa de tu cuerpo?
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