No debes preocuparte,
ya sabes que el ruido de los trenes
hace mucho más cortas las distancias,
que llevo
resumidos los días dentro de la maleta
y ya me he acostumbrado a recorrer
los trayectos del frío
y así me identifico con la nieve.
Te recuerdo que soy ese individuo
que ha empezado a borrar de su memoria
los nombres de las cosas y ahora viene
paseando de la mano una tristeza ,
una sola tristeza
que me habla masticando las palabras
y me agarra por dentro,
que yo soy
esa hormiga que aún sigue amontonando
objetos casi inútiles,
añoranzas de ayer que sólo sirven
para habitar armarios
y entreabrir
en el tiempo fisuras inquietantes.
Te recuerdo que soy
quien se abarca los hombros con los brazos
que hace tiempo no tengo y así puedo
creer que todo el mundo es terreno de tu vientre,
creer que este diálogo es un ojo
tuyo parpadeándome,
creer que estoy creciendo contra el aire
como crece una sombra cuando nunca
oscurece del todo,
como crece el amor
y es otro amor
en las inmediaciones de la muerte.
De verdad que no debes preocuparte:
más allá de tus lágrimas
sentirás mi presencia en el vuelo de los pájaros
y verás cómo llegan
esquivando el pecado de los ángeles
las montañas azules del crepúsculo..
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