A mí,
que he tenido la suerte de haber muerto
más de doscientas veces
y aún me queda
toda una eternidad para esperarte;
a mí,
que no mido el tamaño de los días
sino con otros días
y de noche
me detengo a escucharte las cosas que no hablamos;
a mí,
que me ganas con nada y me conformo
con un trozo de tiza o las volutas
que deja en el aire un cigarrillo;
a mí,
que ya no sé
qué hacer de esta ternura que me callo;
a mí,
a mí me es suficiente una palabra,
una sola palabra que me abrace
aunque tengas
inmóviles los brazos.
Porque nunca
hallaré una mentira tan hermosa
como aquellas
que supe de tus labios.
.032/S
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