miércoles, 27 de julio de 2016

A veces somos bruma






A veces somos bruma
y entonces me da miedo hablar contigo,
es mejor
cogerte de la mano y esperar que una nube de termitas
horade nuestros cuerpos,
porque es mejor no hablar,
porque es mejor no hablar si a cada sombra
queremos darle nombre y no asumimos
que dentro de nosotros hay otro cielo azul
sin máscaras,
sin tapias,
un cielo que es inmune al ruido de la tiza
y al olor que despiden las cajeras
de un mercado de abastos.

Y mira que es difícil que haya nadie en el mundo
que te ame como yo,
nadie que haya temblado al mirarte más que yo,
nadie que haya excavado más trincheras que yo
y sin embargo
cuántas veces nos hemos cuestionado
si lo nuestro es un todo o simplemente
es que estamos creando un modelo de conducta
en que amar no es un don sino un estado posible en que no tienen
sentido las palabras.

Tan sólo sé de ti lo que no dices,
tus silencios
me han hablado de ti y no me importa
que tú veas un árbol donde yo sólo escucho el gorjeo de los pájaros,
que te gusten los hoteles de lujo y te desnudes delante
de los escaparates de las peleterías,
me da igual,
tus silencios, repito,
han dejado en mis muslos más caricias
que todos los monólogos de una vieja liturgia veneciana.

Porque, ¿sabes?, a veces somos noche
y después de la noche está la luz,
la frialdad,
el día
y es mejor
cogernos de la mano y esperar a que ocurra
con nuestra desnudez
cualquier milagro.




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