sábado, 25 de septiembre de 2010

Hablando de evidencias incómodas admito


Hablando de evidencias incómodas admito
que soy un ignorante,
nada sé, por ejemplo,
del origen del mundo ni en que esfera se mueven las teorías
del tiempo y el espacio.
¿Fue fruto del azar y en ese caso Dios queda reducido
a una casualidad?
Llamaré azar a Dios y sigo viendo en la tele
películas de estreno.
Mi ignorancia es la suma de un montón de sospechas que murieron vacías,
sé tanto de mí mismo como entiende un canguro
de un piano de cola,
desconozco
si fuera de mi mente hay otros mundos
y otros seres capaces de advertir las vibraciones
del vuelo de una mosca,
y sin embargo
a veces me cuestiono si esta vida, el amor y hasta la muerte
no son más que una regla matemática,
una simple ecuación que se destruye a sí misma.
Motivos hay
y muchos
para creer que fuera Galilei quien dispuso
los misterios del mar, quien intuyera
que las leyes que rigen las estrellas nada saben
del rumbo de los peces ni del canto afligido de los cisnes.
En realidad
nunca pude cenar con Galilei ni en mi mochila
llevo libros de Leiniz y Spinoza.




PA 25 09 10

PP 25 09 10

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