miércoles, 18 de agosto de 2010

Paisaje sospechoso

Para hablaros de mí tendría que hablaros de animales extraños
y plantas fabulosas,
hablaros por lo tanto del diluvio y de la herrumbre
de las viejas monedas y del tiempo feliz en que los árboles
se manchaban de tinta en los pupitres.
Para hablaros de mí tengo que hablaros
inevitablemente de desiertos,
de una generación en que los pájaros y el mar y las montañas
eran más que un concepto metafísico
y además
eran blancas, muy blancas y altas las palomas.
Porque yo era distinto y crecer no era cosa de hacerlo tan aprisa,
tan gratuitamente,
por eso entiendo ahora
que nunca me cuadraran los números ni salieran las cuentas.
No.
Yo no fui como ellos, los listos de la clase, los que nunca
tuvieron que aceptar una derrota ni esconder una lágrima,
los que iban a misa en autostop y se aprendían
la Biblia en bicicleta,
nunca fui como aquellos que opinaban de Kant cuando yo hablaba
de grillos y de piedras y empezaba a leer a Luis Rosales.
La verdad, es que yo era un paisaje sospechoso
y hoy llevo entre mis manos la sequía
de un montón de veranos
y un atril de estupendas mariposas bailándome en los ojos.


Poesía Pura
18 8 10

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