domingo, 29 de agosto de 2010

Este tren lleva nombre de un destino final que nadie sabe



Este tren lleva nombre
de un destino final que nadie sabe,
es el tren de los cuervos pestilentes, de las noches enfermas,
el tren hombre-poema que dibuja en la tarde las imágenes
de halcón que agoniza.
¿Dónde quedó tu patria, cóndor-hombre,
dónde los antipájaros,
los perros adiestrados, los poetas
que murieron cuando aún éramos niños?
Porque en este viaje ya no hay estaciones intermedias,
el paisaje es eterno y se desmayan
en praderas bucólicas los árboles,
de las aves, ni hablar, de las semillas
que esperan el milagro de nuevas floraciones
qué decir,
mejor pensar en cielos desvalidos y en paraguas que libran
de visiones impuras:
lo nuestro es esperar a que las olas, la suerte y las mareas no nos lleven
directo al arrecife,
esperar
que una leve llovizna y algún viento propicio
nos empujen despacio a los perfiles del tiempo
donde mueren, de viejas, las palabras y se viste
de hiedra las tristeza.


PP 29 08 10

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