sábado, 14 de agosto de 2010

A la gente corriente

A la gente corriente, a los que vamos
al cine en bicicleta y nos regalan colonia para Reyes
qué nos va a interesar
si un catorce de abril asesinaron a Lincoln,
o si el Puente de Londres se ilumina de refulgencias rojas
ni tampoco
qué diferencia existe entre escuchar cómo crecen las lilas
y un concierto de Mahler;
las personas corrientes aún pensamos que las garzas azules inventaron la risa,
que un esclavo de Homero fue el causante de la guerra de Troya
y que es bueno llevar en la mochila
un mendrugo de pan y unas sardinas arenques.
Resulta
que a la gente corriente no nos gustan
las hazañas retóricas,
respetamos las curvas y somos tan formales que rehuimos
otras formas de vida no visibles,
por ejemplo,
ser matones a sueldo del Estado Mayor de las Franquicias.
Nos preocupa, no obstante, conocer
en qué modalidad de sufrimiento somos primos hermanos,
por qué los esquimales inclinan su cabeza sobre el hombro derecho,
por qué acaban muriéndose de pena los poetas mediocres
y se visten de gris los melancólicos,
nos preocupan las leyes que regulan la conducta de las sacas de Correos
y el olvido de los telegrafistas.
Para ser más concretos:
los parientes de Lincoln y los nietos de Homero
que no esperen una carta insufrible,
que no guarden en cajas de caudales sus derechos de autor
si es que los tienen,
que se queden tranquilos,
a nosotros,
personajes corrientes que tampoco estuvimos aquel viernes de abril en el teatro,
no nos gustan las muertes con guión
y actores griegos.
.

PP 12 1 10
619/S

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