lunes, 30 de agosto de 2010

A estas horas de ti

A estas horas de ti
sólo me queda
el resplandor violeta de los montes,
el olor amarillo que expele la genciana
y, a punto de olvidárseme,
mi asombro por los pájaros.
A estas horas de ti ya no me hiere
la dudosa actitud de las puertas cerradas
ni me duele la fiebre del insomnio
ni la larga agonía que sufren los teléfonos
que nunca dicen nada.
Hace tiempo que sabes que mi mundo
no es de las mariposas,
que en mi mano no crecen las crisálidas
ni el aire se despeina en llanuras femeninas,
no lo sé,
no sé quién administra las muertes subterráneas,
quizás sobre el asfalto fui dejando
muñecas de arrabal que no encontraban
sitio entre mis inviernos,
liebres decapitadas por un hato
de perros clandestinos,
quizás es que el silencio oxidó los corazones
y no existen paraguas que detengan
la lluvia en el jardín,
lo cierto es que aquí estoy,
que a estas horas de ti soy como un mapa
con las calles sin nombre.


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