Para no ver la muerte
se ha dejado crecer telarañas en los párpados,
ha roto los espejos
y ha olvidado que es lunes,
que ha vivido,
que en las noches de agosto los murciélagos
dibujan la ciudad a tinta china.
Para no ver la muerte se ha llenado
los pies de rascacielos
y ahora tiene
un ascensor detrás de las orejas
que sube a un laberinto de luciérnagas
donde el aire se pierde.
Para no ser la muerte
ha olvidado que escribe y que a las doce
se vuelven transparentes los poetas.
No le creáis,
si acaso,
firmara con mi nombre.
.
022
No hay comentarios:
Publicar un comentario