Me tienes que escuchar porque está el mundo
tan débil que no pesa
y hoy podríamos
darle a todo la vuelta y regresar
a las horas de lluvia que aún llevamos
sin notarlo en los ojos.
Escúchame y recuerda aquellas tardes
azules de los jueves en que tú
eras como de mimbre,
como de orilla leve y yo intentaba
desabrochar el aire en tu vestido,
cuando el cielo era un lago
de claridad añil y era la luz
un murmullo de acacias visitable.
Recuerda que el silencio era algo más
que un mero aprendizaje
y para hablar guardábamos
el sol en las cabinas telefónicas.
Recuerda
tu cintura de anillo desafiando
al tacto en cada esquina
hasta tocarme casi.
Y recuerdo, recuerdas, sobre todo
que era tiempo de arroyos y quedamos
a solas, tú y yo,
y que tuvimos
que inventar el amor en un instante,
antes
de que la noche
nos llegara a la altura de las lágrimas.
017
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