martes, 20 de marzo de 2012

¿Eres tú la muchacha indolente que me mira,

¿Eres tú la muchacha indolente que me mira,
toda en ropa interior,
toda elegida,
en los rojos carteles que supuran los andenes del metro?

Hermosamente obscena, tu mirada
nace desde el deshielo, nada en aguas procaces y se abisma
en buhardillas inciertas,
tienes hambre de leches maternales y castillos de luna,
tienes labios de diosa insatisfecha
y pechos de neón,
¿quién podría escapar a esa llamada de tu sexo oceánico?

Tú no sabes que aquí siempre es de noche y tiene el mundo
otras complicidades,
que aquí no chilla el mar ni tiene el viento
amistades pequeñas,
todo pasa, por tanto, entre blanduras de espanto y escaleras mecánicas,
todo invita a un disfraz donde no quepa
más horror en las manos,
más tristeza desnuda entre las piernas.

Acaso a ti, muchacha de los labios balsámicos,
te dijeran que sólo los geranios se masturban mirándose en las nubes,
acaso te vistieran la indecencia de un niño como un cuento de hadas,
nadie lleva a escondidas, te lo advierto,
bajo un manto de lava su estructura de asno.

Hoy te miro de nuevo con la misma fruición con te miran
los perros desnalgados:
reconozco que soy un transeúnte y que no tengo
argumentos de peso para odiarte.

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